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Una navaja de doble filo para Xi

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Es de todos bien sabido el ejemplar crecimiento económico que ha tenido China a partir de la llegada de Deng Xiaoping en 1978.

En esos días el pueblo chino firmó un contrato sicológico con el líder del partido comunista chino (PCC) donde no se entrometerían en política a cambio de crecimiento económico, educativo, sanitario y de seguridad.

Pues bien, el PPC ha cumplido cabalmente su promesa evidenciada en los rascacielos, trenes de alta velocidad, su liderazgo en la tecnología 5G, la inversión en la Nueva Ruta de la Seda y un sinnúmero de etcéteras.

Por otro lado, el nacionalista y henchido pueblo chino, cual nado sincronizado, también ha observado su parte del pacto no escrito siendo dóciles a las indicaciones gubernamentales.

A pesar de lo anterior, múltiples naciones, sinólogos, gurús en geopolítica, economistas, comunicadores y ungidos futuristas han predicho el inminente colapso de la economía china.

Dichos pregoneros de años de vacas flacas han culpado a la sesgada balanza comercial, a una presunta burbuja hipotecaria propiciada por Evergrande, a las menguantes exportaciones, a la guerra comercial e ideológica con EUA, al gigantesco endeudamiento bancario, al longevo PCC y al COVID-19.

Obviamente todos ellos son polvorines que elevan la temperatura en la olla de presión social y ninguno en lo individual y menos colectivamente son despreciables. Sin embargo, el verdugo del tiempo y los datos duros, hasta el día de hoy, han sido bondadosos con el PCC hablando a favor del milagro económico chino y en contra de sus detractores.

Ahora bien, el único perfecto e infalible es Dios y el visionario PCC con sus 97 millones de miembros, 7% de la población, sí se pueden equivocar. Pues sí, dicen que un hilo se rompe siempre por lo más delgado y ese punto de quiebre pudiera darse por cuenta de la inquieta y renegada juventud china molesta por las inequidades, la falta de oportunidades y el infame confinamiento bajo la política de ‘Cero COVID’.

Claro, son justamente los jóvenes con su baja tolerancia al fracaso y menor disposición a dar por sentado todo lo que se les indique los que están dispuestos a mostrar su descontento.

A diferencia de los adultos mayores quienes aún recuerdan vívidamente cómo millones de sus connacionales murieron de hambre entre los años cuarentas y setentas del siglo pasado, los millennials consideran que merecen todo aquello de lo cual ahora gozan y no consideran que deban sentir gratitud.

Más aún, la generación de baby boomers chinos comprenden del gran milagro económico de oídas de sus padres y están genuinamente agradecidos y comprometidos con el PCC, pero, nuevamente, no así la juventud.

Haciendo un paralelismo, los adultos mayores son como el paralítico que agradeció de corazón el milagro de poder volver a caminar y los jóvenes son como quienes nacen con el don de poder ver, oír, caminar y hablar, pero lo consideran un merecido derecho.

El punto es que el presidente de la República Popular China y secretario general del Comité Central del PCC, Xi Jinping, está por primera vez ante una ecuación que parece imposible de resolver.

Por un lado, los jóvenes se están sublevando ante los interminables confinamientos y por otro, abandonar su política podría desencadenar un alud de infecciones, de acuerdo a Bloomberg, de hasta 5.8 millones de chinos en terapia intensiva.

Así es, al día de hoy 80 urbes que representan el 90% de las exportaciones y 60% del PIB están en estricto confinamiento. Sin duda, las restricciones sanitarias han reducido el crecimiento económico de 8.1% en promedio de los últimos 40 años a 3.2% actualmente y culpan al presidente.

No es un tema menor, se han hecho virales noticias de bebés que mueren por falta de atención, marchantes que abren un boquete en centros comerciales por miedo a que los encierren por semanas y decenas de personas que fallecen por asfixia en una torre de apartamentos sellado por el coronavirus.

Ante esa disyuntiva, el obnubilado mandatario se enfrenta a una navaja de doble filo y está atrapado entre responder con brutalidad ante las manifestaciones o negociar con el pueblo a mitad de un puente llamado COVID.

En su discernimiento quizás le venga bien a Xi Jinping pensar en una sentencia de Santo Tomás de Aquino: ‘A todo movimiento de la voluntad es necesario que le preceda un conocimiento. Pero no a la inversa: no a todo conocimiento precede una acción voluntaria’.


Eugenio Reyes Guzmán es Director World Trade Center Monterrey UANL. Trabajó en Italia, Japón, EUA y en empresas como CEMEX, VITRO, COCA-COLA, FIAT y Monsanto; tiene una Maestría en Administracion de Empresas y Administracion Internacional MIM; así como un doctorado en Negocios.

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