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Censúrennos a nosotras, pero a los niños no

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El pasado martes 7 de junio en punto de las 18:00 horas, Mariana Rodríguez Cantú y yo habíamos anunciado un “en vivo” en Instagram para hablar de la importancia del apoyo de las redes sociales para quienes trabajamos con poblaciones marginadas. Las redes sociales nos ayudan a ser la voz para aquellos y aquellas que, como sociedad, hemos olvidado.

Al conectarnos al en vivo, quise agregar a Mariana y me salía un mensaje de alerta que decía “@marianardzcantu no puede ser agregada a este en vivo”. Sin entender qué estaba pasando, nos salimos y volvimos a intentar. Lo primero que pensé fue que era un tema de señal, así que aproveché para cambiarme de lugar. Al tercer intento y sin poder conectarnos, Mariana trató tanto desde su cuenta privada como desde su cuenta oficial, el mismo mensaje apareció: “@saskianiño no puede ser agregada a este en vivo”. La plataforma nos estaba permitiendo hacer el en vivo, pero Instagram no nos permitió conectarnos entre ella y yo.

El domingo anterior Mariana había publicado en sus historias el caso de un niño que había llegado al DIF con quemaduras y golpes extremos. Una serie de publicaciones, donde cuidó la identidad del menor, habló sobre la cobardía y la inhumanidad de quienes hacen daño a los niños y a las niñas. En cuestión de minutos, esas publicaciones habían sido censuradas por Instagram.

Quienes hemos visitado los DIF del país y conocido las historias de quienes ahí habitan, sabemos que la violencia en la infancia es cada día peor. Aquí unos datos:

• 460 mil niños y adolescentes son reclutados por el crimen organizado.
• 63% de las niñas y niños menores de 14 años han sido maltratados físicamente por sus cuidadores principales.
• Más de un millón 700 mil niñas y niños trabajan ilegalmente.
• 60% de la pornografía infantil se produce en México.
• 200 mil niños, niñas y adolescentes son capturados por redes de trata.
• 40% de los delitos sexuales se cometen contra niños y adolescentes.
• 10 mil niños y niñas han nacido en prisión en los últimos 10 años.

Lo que más me preocupa de la censura de Instagram es que, para que la plataforma haya bajado la publicación, implicó que mucha gente lo reportara como violento. ¿Irónico, no? Mucha gente prefirió denunciar, que sufrir el malestar temporal de ver una injusticia.

Entiendo el dolor que implica ver a un niño en esas condiciones y escucharlo contar cómo, con cucharas hirviendo, lo castigaban. Entiendo, y comparto, el dolor que es ver el sufrimiento de esos niños y esas niñas, en donde al interior de sus propios hogares, la violencia ha predominado. El silencio de una sociedad, una comunidad, de las escuelas, de los familiares, permiten que estos menores sufran a niveles indescriptibles.

Hoy, las redes sociales, son una esperanza para estos niños y niñas, son la voz de lo que muchas veces pasa dentro de las cuatro paredes de estos hogares.

Insisto, para muchos, las redes sociales son una esperanza de vida. Una herramienta de denuncia ante una ausencia de Estado de Derecho.

Ojalá pudiéramos preguntarle a los 7 niños y niñas que son asesinados todos los días en este país. Lamentablemente para ellos y ellas, es demasiado tarde.

*Texto de Saskia Niño de Rivera Cover, presidenta de Reinserta.
**Editorial original extraído del periódico El Universal. 
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